Caminamos y casi corrimos por momentos. La gente era mucha. Nuestro objetivo: estar ahí y llegar a la plaza. Casi imposible, la gente estaba tan tan pegada que había ríos que iban en lado opuesto y te arrastraban, unos hacia Diagonal Sur, otros hacia Avenida de Mayo.
En este trajín del oleaje una cabellera plateada y ohhh ¡papá, qué suerte que te encontré!. Vamos, vamos que llegamos a la plaza. "No, no, me quedó, acá, por el tumulto y por la presión".
Dijo así y se señaló el pecho. Yo pensé, entonces, que no era la presión sino el corazón. El corazón que tiene mil agujeritos y tantos muertos y que no podía volver a mirar algunas cosas.
Mamá, que lo tiene igual pero más morrudo mandaba mensajes de texto sin parar "no vas a poder llegar, hay demasiada gente". Saber que mi hermana estaba del otro lado "con alguien de Agronomía". Laura, otro mensaje: te esperamos en la primer palmera de la izquierda.
Y seguimos caminando, viendo a amigos, a conocidos. Por momentos detenerse y mirar hacia arriba, en UTPBA, los rostros de los escritores y periodistas. Cada uno tiene sus amigos invisibles y ahí estaban algunos de los míos. Recordar otros pasos por el mismo lugar y pensar en mis propios años, el cumple que se acerca, mis alumnos los que no iban a ir ni les importa ni nada, el tachero que me había dado el sermón de la montaña y una postal con secreto incluido que diría algo así como:
me gusta hablar de la PAZ y el DIALOGO
pero en mi fondo fondo fondo hay un solo cartel y se lee en brillantes colores
PA RE DON
ni olvido
ni perdón...
¡Nada a interpretar ni a significar, pero mucho a experimentar!. Deleuze / Guattari "Rizoma"
sábado, marzo 25, 2006
jueves, marzo 23, 2006
Tanto decir que no y no a locutorios y máquinas prestadas, éste se convirtió en el vicio del momento. Van ocho ciber en esta semana, lo cual da, como verán, más de uno por día.
Estas visitaas me están trayedo un aire de viajera inesperado, será un recuerdo menemista, como reflujo, tomándome por asalto y trayendo imágenes de Di Caprio cuando era lindo y flaco. La cosa es que trabajar en estos antros me hizo ganar ritmo y bajar mi lista de pendientes de manera drástica.
¿Sería que era mi casa lo que me tenía dispersa?
Y aun más. Como se rompió la impresora en la oficina ya no tengo chance de leer nada impreso y, claro, para leer las colaboraciones de la revista esta imperiosa cuestión del pantallismo aceleró más que nunca mis tiempos.
Estoy contenta.
Estas visitaas me están trayedo un aire de viajera inesperado, será un recuerdo menemista, como reflujo, tomándome por asalto y trayendo imágenes de Di Caprio cuando era lindo y flaco. La cosa es que trabajar en estos antros me hizo ganar ritmo y bajar mi lista de pendientes de manera drástica.
¿Sería que era mi casa lo que me tenía dispersa?
Y aun más. Como se rompió la impresora en la oficina ya no tengo chance de leer nada impreso y, claro, para leer las colaboraciones de la revista esta imperiosa cuestión del pantallismo aceleró más que nunca mis tiempos.
Estoy contenta.
martes, marzo 21, 2006
Sol y trabajo en Buenos Aires
Mi computadora se quemó este verano y este hecho fortuito me transformó en nómade. Mi trabajo se centra básicamente en sentarme frente a computadoras y escribir. De distintos modos, para distinta gente, pero tiene que ver con eso.
Unos días en una oficina, otros días en casa. En casa ya no se puede.
Hoy vine de invitada a la casa-oficina de mi amigo Tavo.
Y en Buenos Aires hay sol, mucho sol, un árbol que asoma por la ventana, música de Cuba en los parlantitos de la compu, un café maravilloso y mi amigo al lado que me recuerda que la suerte es algo realmente misterioso.
Unos días en una oficina, otros días en casa. En casa ya no se puede.
Hoy vine de invitada a la casa-oficina de mi amigo Tavo.
Y en Buenos Aires hay sol, mucho sol, un árbol que asoma por la ventana, música de Cuba en los parlantitos de la compu, un café maravilloso y mi amigo al lado que me recuerda que la suerte es algo realmente misterioso.
viernes, marzo 17, 2006
Trío

¿Se pueden copiar las fantasías?...
Inspiradora postal de PostSecrets para un día de lluvia como hoy.
Feliz fin de semana y que toquen el timbre de tu puerta personajes inesperados...
Para el registro
Tuve pasada relámpago por Montevideo. Viaje en avión martes por la noche y vuelta en buque el miércoles también de noche.
Dormir en un hotel, de esos que no parecen de ningún lugar, levantarse a las seis, trabajar de 8 a 18 y luego volver, con una sensación extraña.
Como si ese día hubiese estado en otra vida, con otras ropas, del pasado o del futuro, en un tiempo en el que llueve constantemente y uno nunca sabe qué comer.
Dormir en un hotel, de esos que no parecen de ningún lugar, levantarse a las seis, trabajar de 8 a 18 y luego volver, con una sensación extraña.
Como si ese día hubiese estado en otra vida, con otras ropas, del pasado o del futuro, en un tiempo en el que llueve constantemente y uno nunca sabe qué comer.
lunes, marzo 13, 2006
viernes, marzo 10, 2006
Hablar o Callarse
¿Cuándo fue que me convertí en la pájara parlanchina que soy?. ¿Fue cuando mis padres me llevaban a cuanto evento social tuvieran y me dejaban ahí "en el medio", "charlando con los grandes"?.
Con mis tres o cuatro añitos escuchando lo que decía mi tío Pupi, los chistes verdes que aun no podía entender, escondiéndome en las piernas de mi tía Alicia. La familia de mi mamá, los tanos cantantes y fanáticos de la opera. Todos músicos y borrachos. O en la casa de mi abuela Yaya con las peleas políticas, todo el cuadro completo del peronismo, desde la FAR hasta mi abuelita casi lopezreguista. Por allá y por acá, por todos lados palabras. Ellos hablaban y yo así, como quien no quiere la cosa, empecé a participar.
Mis padres son opinólogos. Es un hecho.
Y yo terminé amando la palabra por sobre todo lo demás.
Charlatana.
Es una descripción con acepción despectiva. Derivadora. Chanta. Mentirosa.
No es ese el camino más usual, aunque lo he recorrido también, en su máxima expresión mi particular hablarismo se transforma en una actitud "sincericida".
Torpe. Eso sí, poco hábil, porque el amor a la conversación que fluye va más rápido que mi mente.
Así es que lo que más deseo es aprender a callar. Callarse, guardar, retener, incomunicar. Ser receloso de lo propio. Todo eso me encanta. Me fascinan las personas misteriosas, escurridizas que dicen solo lo justo en el momento justo.
Yo sueño con ser así, algún día. Pero la adiposidad verbal se multiplica. En volutas, redondeces. Viene con aceto, con aceite de oliva, lo meto al horno y me lo como. Nada de ojeras violaceas y románticas pestañas.
Me vestí de negro con tachas un tiempo en la adolescencia, pero me parecía más a Pappo que a Winona.
¡Y cuanto quería ser Winona!. Vivir con Eduard Scisor'shands en la penumbra de El Extraño Mundo de Jack. Usar las carteritas de ETS y llorar siempre contra una ventana en la que se ve la luna.
Callarse.
Ser silenciosa.
Y pasó que luego del final -ya está, salió bien- el stress acumulado colapsó y a la noche comencé a sentirme rara. Los oídos, la garganta, la nariz.
La mañana siguiente el resfrío estaba desatado y yo decía "no me sienten la voz tomada". "No, para nada" dijeron madre y novio. Y qué pasó, yo seguí, como siempre, en mi canturreada constante habitual vida de palabras. Empezó el año en la Escuelita, empezó todo y más y más dolor en mi garganta.
Ahora sí la voz más tomada, se notaba, carraspera, tos.
El miércoles: afonía. Afonía grave.
Ayer: casi mudez. Y mucho dolor. Vino el médico y dijo que era stress y que tenía que hacer reposo vocal.
Aquí estoy, con otras palabras, muda de sonido.
Ahora siendo yo.
Con mis tres o cuatro añitos escuchando lo que decía mi tío Pupi, los chistes verdes que aun no podía entender, escondiéndome en las piernas de mi tía Alicia. La familia de mi mamá, los tanos cantantes y fanáticos de la opera. Todos músicos y borrachos. O en la casa de mi abuela Yaya con las peleas políticas, todo el cuadro completo del peronismo, desde la FAR hasta mi abuelita casi lopezreguista. Por allá y por acá, por todos lados palabras. Ellos hablaban y yo así, como quien no quiere la cosa, empecé a participar.
Mis padres son opinólogos. Es un hecho.
Y yo terminé amando la palabra por sobre todo lo demás.
Charlatana.
Es una descripción con acepción despectiva. Derivadora. Chanta. Mentirosa.
No es ese el camino más usual, aunque lo he recorrido también, en su máxima expresión mi particular hablarismo se transforma en una actitud "sincericida".
Torpe. Eso sí, poco hábil, porque el amor a la conversación que fluye va más rápido que mi mente.
Así es que lo que más deseo es aprender a callar. Callarse, guardar, retener, incomunicar. Ser receloso de lo propio. Todo eso me encanta. Me fascinan las personas misteriosas, escurridizas que dicen solo lo justo en el momento justo.
Yo sueño con ser así, algún día. Pero la adiposidad verbal se multiplica. En volutas, redondeces. Viene con aceto, con aceite de oliva, lo meto al horno y me lo como. Nada de ojeras violaceas y románticas pestañas.
Me vestí de negro con tachas un tiempo en la adolescencia, pero me parecía más a Pappo que a Winona.
¡Y cuanto quería ser Winona!. Vivir con Eduard Scisor'shands en la penumbra de El Extraño Mundo de Jack. Usar las carteritas de ETS y llorar siempre contra una ventana en la que se ve la luna.
Callarse.
Ser silenciosa.
Y pasó que luego del final -ya está, salió bien- el stress acumulado colapsó y a la noche comencé a sentirme rara. Los oídos, la garganta, la nariz.
La mañana siguiente el resfrío estaba desatado y yo decía "no me sienten la voz tomada". "No, para nada" dijeron madre y novio. Y qué pasó, yo seguí, como siempre, en mi canturreada constante habitual vida de palabras. Empezó el año en la Escuelita, empezó todo y más y más dolor en mi garganta.
Ahora sí la voz más tomada, se notaba, carraspera, tos.
El miércoles: afonía. Afonía grave.
Ayer: casi mudez. Y mucho dolor. Vino el médico y dijo que era stress y que tenía que hacer reposo vocal.
Aquí estoy, con otras palabras, muda de sonido.
Ahora siendo yo.
viernes, marzo 03, 2006
No me crean nada: al final fui

BONO is the new preacher...
y nosotros sus acólitos.
Igual: me gustó más Popmart por varias cosas. El escenario no se veía de ningún lado y la entrada fue carísima, las canciones del último disco no son muy pulenta y estoy un poco grande para las cuatro horas que estuve parada en el campo. De cualquier modo hay un momento en que transmuto en fan y me emocionó, piel de gallina, Bono te amo y siguen siendo mi banda favorita. ;)
Los mejores puntos del show: la versión de Miss Sarajevo, las lucecitas con los celulares /aunque tiene su lado patético, Sunday Bloody Sunday, la pantalla tremenda, que haya cantado otra vez ONE y por mi lado haber estado adelante la mitad del recital.
No hay caso, suspender la cabeza por un ratito transpirando como bestias en un recital es como leer ciencia ficción, uno de los pasatiempos que más disfruto sobre la tierra.
(¿Jugar al fútbol será algo parecido?)
martes, febrero 28, 2006
Decisiones: VEDA ESTUDIANTIL
Amigos:
este blog está bajo
período de veda estudiantil
hasta el 6 de marzo inclusive.
Motivo: Literatura Argentina II, cursada 2002, la última de Bety Sarlo.
pd: decidí no ir a ver a U2 y eso que es mi banda favorita. sí, con la entrada comprada hace dos meses...en fin, la carrera tiene que acabar tarde o temprano ¿no?
miércoles, febrero 22, 2006
Cambio obsesividad fallida por disciplina
Dijo Ana María Shua: "La disciplina son las repeticiones de abdominales."
En un reportaje en el suplemento Mujer de Clarín. Para leerlo: http://www.clarin.com/suplementos/mujer/2006/02/21/m-00811.htm
En un reportaje en el suplemento Mujer de Clarín. Para leerlo: http://www.clarin.com/suplementos/mujer/2006/02/21/m-00811.htm
lunes, febrero 20, 2006
Feliz domingo: un programa hecho con...
Estuvimos de aniversario y yo, que trataba de endilgarle a P. las más feas carencias mnemónicas, me llevé puesto el orgullo y salí ganando un paseo inesperado.
"De sorpresa", y a instancias de una pequeñísima pero no menos molesta pelea prefestejo, me encontré en el auto, un domingo por la mañana, viajando hacia lo más verde de nuestro extenso país de soja, hasta que en una de esas "esquinas" del camino, girando a la derecha, veo esto.
Y me quedé hasta hoy, mañana laboral en que volvimos a la capital, sintiendo que esta vez me habían tratado como a una verdadera princesa rural.
"De sorpresa", y a instancias de una pequeñísima pero no menos molesta pelea prefestejo, me encontré en el auto, un domingo por la mañana, viajando hacia lo más verde de nuestro extenso país de soja, hasta que en una de esas "esquinas" del camino, girando a la derecha, veo esto.
Y me quedé hasta hoy, mañana laboral en que volvimos a la capital, sintiendo que esta vez me habían tratado como a una verdadera princesa rural.
lunes, febrero 13, 2006
La obsesividad me está fallando
Luego de un paseo por la costa pinamarense este fin de semana empecé a valorar todos los tratamientos anticelulitis con más entusiasmo.
Mi contacto con la arena fue en estricta pollera y/o short y consistió en una horita en la carpa de mi jefe y su familia, para al otro día completar con 45 minutos de trote con lluvia incluida. El resto del tiempo básicamente leímos. Habíamos ido más para laburar que para descansar, pero la idea era que el contexto playa-pinos iba a hacernos más fácil la tarea.
P. logró concentrarse e instalar la pc los dos días. Avanzó bastante con su trabajo profesional, una suerte de tesis que le queda para obtener el cartoncito que lo habilite para firmar “ing.”. Yo maso. Leí el Clarín entero, ojeé la Ñ. Un poco de “Borges en las orillas”. No sé bien qué hice pero ni chicha ni limonada.
Ok. Hay algo que se viene prolongando desde hace quince días. Son básicamente dos cosas (o tres) que me están costando mal de mi rutina.
Nro.1) Levantarme temprano –con su corolario: Ver menos tele y acostarse antes y
Nro 2) Comer sanamente y cumplir mi dieta.
La tercera cosa está íntimamente relacionada con la Nro. 1 y es, nomás, el ya afamado “estudio” que tan lejano ha quedado y que poco pude conseguir en la salida del fin de semana.
Algo bueno hay en todo esto y es que cuando me relajo, me relajo. Sobre todo con amigas. El jueves pasado fue uno de esos momentos. Y repito las palabras de la poeta: Mujeres, fuego, potencia y bienestar. Amén.
Eso sí: mezclar ensalada con vino tinto (bastante) es algo que debería poner en mi lista de lo que hay que evitar un día de semana.
El viernes, día sándwich entre la cena y el viajecito, fue un día inexistente. En blanco.
De una perfecta y completísima resaca.
Mi contacto con la arena fue en estricta pollera y/o short y consistió en una horita en la carpa de mi jefe y su familia, para al otro día completar con 45 minutos de trote con lluvia incluida. El resto del tiempo básicamente leímos. Habíamos ido más para laburar que para descansar, pero la idea era que el contexto playa-pinos iba a hacernos más fácil la tarea.
P. logró concentrarse e instalar la pc los dos días. Avanzó bastante con su trabajo profesional, una suerte de tesis que le queda para obtener el cartoncito que lo habilite para firmar “ing.”. Yo maso. Leí el Clarín entero, ojeé la Ñ. Un poco de “Borges en las orillas”. No sé bien qué hice pero ni chicha ni limonada.
Ok. Hay algo que se viene prolongando desde hace quince días. Son básicamente dos cosas (o tres) que me están costando mal de mi rutina.
Nro.1) Levantarme temprano –con su corolario: Ver menos tele y acostarse antes y
Nro 2) Comer sanamente y cumplir mi dieta.
La tercera cosa está íntimamente relacionada con la Nro. 1 y es, nomás, el ya afamado “estudio” que tan lejano ha quedado y que poco pude conseguir en la salida del fin de semana.
Algo bueno hay en todo esto y es que cuando me relajo, me relajo. Sobre todo con amigas. El jueves pasado fue uno de esos momentos. Y repito las palabras de la poeta: Mujeres, fuego, potencia y bienestar. Amén.
Eso sí: mezclar ensalada con vino tinto (bastante) es algo que debería poner en mi lista de lo que hay que evitar un día de semana.
El viernes, día sándwich entre la cena y el viajecito, fue un día inexistente. En blanco.
De una perfecta y completísima resaca.
miércoles, febrero 08, 2006
Desfasaje
Entre mi voluntad y mi realidad.
Todo lo que me propongo viene saliendo levemente deforme.
Qué suerte que no estoy embarazada este mes.
Todo lo que me propongo viene saliendo levemente deforme.
Qué suerte que no estoy embarazada este mes.
lunes, febrero 06, 2006
Evidencia del vacío: otro post
¡Hoy es un día!
Y sí, qué va a ser, una noche, sin son las 4.27 post meridiano. Hay sol, hay mucho sol. La puta, ya saben todos lo que me afecta el sol. Para bien o para mal me afecta. Más cuando es lunes, estoy traduciendo una página brasilera increíble para mi jefe y chau, es portugués, es praia, es aquel verano en el que empezaba a ser soltera, es aquel otro en que empezaba a enamorarme y el último año nuestra casi luna de miel. Es Brasil y extrañar Rio, un segundo hogar por elección. Esa combinación imposible de mar y montaña. Y nada, no puedo concentrarme con todo el mar en la cabeza. No puedo concentrarme con toda la web en la pantalla. Y hoy más que nunca odio la literatura, la odio mal, estoy harta de nuestras rencillas estúpidas, de nuestras pequeñas viditas mediocres, a veces me agara así mal la intuición de que o volamos todas nuestras costumbres inútiles de una vez a la mierda o vamos a seguir siendo así "medianos" por el resto de tiempo que el sol nos de.
Ayer estuve en lo de Lau y Lalo venía de La Habana, y los amigos, y el pasado, la familia, todo Cuba, allá. Todo que se desmorona y las fotos "esta es la Sierra Maestra" y preguntar por el espíritu revolucionario y ya la frase era un oxímoron y Lalinho que contesta ¿qué?, ni en pedo fuimos recaretas, returistas.
Y nada, no sé, en qué vamos a creer. Qué hacemos.
Tengo ganas de ponerme a tener hijos y juntarme con los hijos de mis amigas y en una isla y un mundo nuevo pero sin mí, porque yo seguro que la cago al tercer o cuarto día.
Estoy más que harta hoy y no veo la hora de que se acabe el día.
Y sí, qué va a ser, una noche, sin son las 4.27 post meridiano. Hay sol, hay mucho sol. La puta, ya saben todos lo que me afecta el sol. Para bien o para mal me afecta. Más cuando es lunes, estoy traduciendo una página brasilera increíble para mi jefe y chau, es portugués, es praia, es aquel verano en el que empezaba a ser soltera, es aquel otro en que empezaba a enamorarme y el último año nuestra casi luna de miel. Es Brasil y extrañar Rio, un segundo hogar por elección. Esa combinación imposible de mar y montaña. Y nada, no puedo concentrarme con todo el mar en la cabeza. No puedo concentrarme con toda la web en la pantalla. Y hoy más que nunca odio la literatura, la odio mal, estoy harta de nuestras rencillas estúpidas, de nuestras pequeñas viditas mediocres, a veces me agara así mal la intuición de que o volamos todas nuestras costumbres inútiles de una vez a la mierda o vamos a seguir siendo así "medianos" por el resto de tiempo que el sol nos de.
Ayer estuve en lo de Lau y Lalo venía de La Habana, y los amigos, y el pasado, la familia, todo Cuba, allá. Todo que se desmorona y las fotos "esta es la Sierra Maestra" y preguntar por el espíritu revolucionario y ya la frase era un oxímoron y Lalinho que contesta ¿qué?, ni en pedo fuimos recaretas, returistas.
Y nada, no sé, en qué vamos a creer. Qué hacemos.
Tengo ganas de ponerme a tener hijos y juntarme con los hijos de mis amigas y en una isla y un mundo nuevo pero sin mí, porque yo seguro que la cago al tercer o cuarto día.
Estoy más que harta hoy y no veo la hora de que se acabe el día.
Travestirse
luego de haber escuchado, en los últimos tres días, por motivos varios: pendevieja, vitalista excesiva, desubicada, cansadora, abandónica y otros bellísimos adjetivos en referencia a mi agobiante persona reconozco que muchas pero muchas veces me gustaría ser alguien que no soy.
a los demás: ustedes pueden cambiar de canal y no verme, no llamar, no escucharme, por el contrario yo tengo que lidiar con estas limitaciones todo el santo día y por los siglos de los siglos
a los demás: ustedes pueden cambiar de canal y no verme, no llamar, no escucharme, por el contrario yo tengo que lidiar con estas limitaciones todo el santo día y por los siglos de los siglos
viernes, febrero 03, 2006
Chicos de 18
Para evitar el trabajo, que esta semana tiene cara de traducción, estuve webeando: mirando cosas.
Entré en las páginas de unos alumnos y ahí empecé a linkear, un fotolog, otro fotolog, un tercer fotolog. De pronto un fondo rojo. Fotos de un bar, de una banda, de las vacaciones de esa banda y otras tomas de un posible disco, de grabaciones, de ellos sonriendo y otras de borrachos ante la cámara. Chicos con pantalones anchos, remeras con bordes negros, anteojos, pelos despeinados. Nenes lampiños pero serios, haciendo de malos, de roqueros, como disfrazados casi, con esos tatuajes estrenados.
Entré en todas las que había, leí los comentarios, armé asociaciones.
Me di cuenta de que estaba fascinada y mi primer pensamiento fue: qué lindos.
Qué lindos son los chicos a los dieciocho, cuando saben que ya van a crecer, y no quieren, y se saben feos, aunque en el fondo sienten su propia belleza desparramándose por ahí. Qué lindos cuando cantan y creen que tal vez un día sean famosos o cuando escriben o cuando lo que sea, porque saben que falta mucho todavía, o ni lo saben. Nada saben, porque no les importa saber. O creen saber todo y no miran más allá porque el viaje ese que hicieron es lo más importante que tuvieron y se pelean con sus padres por lo poco que entienden la emoción de la experiencia.
Miro esas fotos, con ojos codiciosos, evaluando la ropa, las poses, las bocas. Imagino la voz del cantante. Aniñada. Me acuerdo de una fiesta, hace poco, en la casa de mis primos, en Pedraza. Y los chicos que gritan “¡ella es la prima del Chacha!” y se matan de risa y uno viene y me dice –li te ral men te- “esta fiesta está llena de extranjeras y yo estoy más excitado que nunca”.
Me lo cuenta. Como se le cuenta a un amigo, a un par, o a un espía. De más lejos llega el apodo “es la tía”.
Yo soy la tía.
Claro que no soy tía.
Esa misma fiesta podría haber sido otra y podría haber sido la extranjera, en otro tiempo, con otros pibes. Pero ahí era la tía, y me reía con ellos como con los alumnos en el aula. Distante. Del otro lado de la pantalla, mirándoles el pelo, las manos, viendo cómo me alejaba más y más del cuadro del deseo.
Entré en las páginas de unos alumnos y ahí empecé a linkear, un fotolog, otro fotolog, un tercer fotolog. De pronto un fondo rojo. Fotos de un bar, de una banda, de las vacaciones de esa banda y otras tomas de un posible disco, de grabaciones, de ellos sonriendo y otras de borrachos ante la cámara. Chicos con pantalones anchos, remeras con bordes negros, anteojos, pelos despeinados. Nenes lampiños pero serios, haciendo de malos, de roqueros, como disfrazados casi, con esos tatuajes estrenados.
Entré en todas las que había, leí los comentarios, armé asociaciones.
Me di cuenta de que estaba fascinada y mi primer pensamiento fue: qué lindos.
Qué lindos son los chicos a los dieciocho, cuando saben que ya van a crecer, y no quieren, y se saben feos, aunque en el fondo sienten su propia belleza desparramándose por ahí. Qué lindos cuando cantan y creen que tal vez un día sean famosos o cuando escriben o cuando lo que sea, porque saben que falta mucho todavía, o ni lo saben. Nada saben, porque no les importa saber. O creen saber todo y no miran más allá porque el viaje ese que hicieron es lo más importante que tuvieron y se pelean con sus padres por lo poco que entienden la emoción de la experiencia.
Miro esas fotos, con ojos codiciosos, evaluando la ropa, las poses, las bocas. Imagino la voz del cantante. Aniñada. Me acuerdo de una fiesta, hace poco, en la casa de mis primos, en Pedraza. Y los chicos que gritan “¡ella es la prima del Chacha!” y se matan de risa y uno viene y me dice –li te ral men te- “esta fiesta está llena de extranjeras y yo estoy más excitado que nunca”.
Me lo cuenta. Como se le cuenta a un amigo, a un par, o a un espía. De más lejos llega el apodo “es la tía”.
Yo soy la tía.
Claro que no soy tía.
Esa misma fiesta podría haber sido otra y podría haber sido la extranjera, en otro tiempo, con otros pibes. Pero ahí era la tía, y me reía con ellos como con los alumnos en el aula. Distante. Del otro lado de la pantalla, mirándoles el pelo, las manos, viendo cómo me alejaba más y más del cuadro del deseo.
jueves, febrero 02, 2006
Ex-amor
Un escritor que conozco me dijo: los blogs de las chicas son todos parecidos.
Las chicas no pueden parar de hablar de amor.
Era un prejuicio, pero que se deja leer. Un prejuicio con testimonios de su lado.
Odio alimentar esa misoginia, ese común denominador de la chica sensible, del universo emotivo del que se debe ser parte como una marca de género. Lo odio y lo reproduzco, que es como la culpa burguesa en su estado más puro.
Hablábamos con S. de lo que Lola había escrito y de la charla que ellos habían tenido. El fin del amor. El desgaste del amor. El acostumbramiento del amor.
Comentaba cada uno sus experiencias y sus pensamientos, cosas que están insoportablemente unidas y no llegábamos a ninguna conclusión, salvo a la evidencia del paso del tiempo y sus efectos en nosotros.
Y sí que pasa el tiempo.
Hoy recibí un mail de mi ex-novio. Alguien a quien me gustaría llamar amigo, con toda la carga sagrada que esa palabra tiene pronunciada en bastardillas. Alguien que está ahí aunque no esté, que comparte a su modo, a la distancia, ciertos relatos, cierta cosmogonía común. Unas creencias y unos gustos que más que unirnos en el pasado nos sobreviven, más allá de nuestra relación, más allá de los otros a los que amamos luego. Un universo amoldado que persiste y del cual son parte todos los demás sin saberlo.
Él fue el primer amor. No el primero primero, pero sí el más fuerte, el más soberano. Y, probablemente, el más soberano de todos los amores que tenga en mi vida. Porque más tarde elegí no poner a ningún rey en mis creencias. Elegí desbancar, descreer, sentirme sola.
Recién después de ese desarme pudo venir el encuentro con otros. Y mucho después el amor. Otra vez.
Las chicas no pueden parar de hablar de amor.
Era un prejuicio, pero que se deja leer. Un prejuicio con testimonios de su lado.
Odio alimentar esa misoginia, ese común denominador de la chica sensible, del universo emotivo del que se debe ser parte como una marca de género. Lo odio y lo reproduzco, que es como la culpa burguesa en su estado más puro.
Hablábamos con S. de lo que Lola había escrito y de la charla que ellos habían tenido. El fin del amor. El desgaste del amor. El acostumbramiento del amor.
Comentaba cada uno sus experiencias y sus pensamientos, cosas que están insoportablemente unidas y no llegábamos a ninguna conclusión, salvo a la evidencia del paso del tiempo y sus efectos en nosotros.
Y sí que pasa el tiempo.
Hoy recibí un mail de mi ex-novio. Alguien a quien me gustaría llamar amigo, con toda la carga sagrada que esa palabra tiene pronunciada en bastardillas. Alguien que está ahí aunque no esté, que comparte a su modo, a la distancia, ciertos relatos, cierta cosmogonía común. Unas creencias y unos gustos que más que unirnos en el pasado nos sobreviven, más allá de nuestra relación, más allá de los otros a los que amamos luego. Un universo amoldado que persiste y del cual son parte todos los demás sin saberlo.
Él fue el primer amor. No el primero primero, pero sí el más fuerte, el más soberano. Y, probablemente, el más soberano de todos los amores que tenga en mi vida. Porque más tarde elegí no poner a ningún rey en mis creencias. Elegí desbancar, descreer, sentirme sola.
Recién después de ese desarme pudo venir el encuentro con otros. Y mucho después el amor. Otra vez.
sábado, enero 21, 2006
Bloguera aun más aburguesada
Habrán visto que se me quemó la pc. Los dos técnicos que conozco y en quienes confío están con muchísimo trabajo y tendré que esperar. Sigo de vacaciones en la mini-consultora así que ya ven, o me logueo en locutorios o en casas prestadas... y que quieren que les diga, me acostumbré a mi compu, o en todo caso a la de mi laburo, y esto de andar diletando por máquinas ajenas no me copa. Ya sé que es lo que hace todo el mundo pero no logro mirar otros blogs, entrar en el hipervínculo infinito y todo eso en compus que nos son las habituales... es como si me diese cuenta de cuánto tiempo paso al pedo recorriedno la web. En casa o en la oficina como que no se nota tanto.
Por ahora, seguiré muy esporádica hasta bien entrada la semana.
Por ahora, seguiré muy esporádica hasta bien entrada la semana.
martes, enero 17, 2006
Mendoza y otra vez Buenos Aires
Leía el mail de un amigo sobre sus vacaciones de Argentina devaluada en un dique salteño y parecía que estábamos en el mismo lugar, salvo que mi relato hubiese cambiado Salta (que sí nene, por algo es que le dicen "Salta la linda") por Mendoza y ya estaba contado todo lo mío, porque él lo dijo bárbaro en su mail multitudinario y turístico.
Y nos fuimos nomás. Por eso dejé post martinfierresco de recuerdo quince días. Nos fuimos a los deportes y a la naturaleza, y al río, a andar en bici, a nadar, a remar, a caminar, todo lo que pudimos hacer con nuestra energía extra de sedentarios y porteños. Y se nos arrastraron las enes y nos comimos las eses y empezamos a entonar como entonan los mendocinos, como una suerte de chilenos lavados, entonados, justamente, con el buen vino y el calor.
No llovió ni un día. El sol rajaba la tierra, nos agarró el zonda, más calor que en el caribe y más seco que un horno. Mientras nos arrubiábamos, pasábamos el tiempo entre el deporte y la lectura; y me di cuenta de que ese sí, justo en esa combinación, es mi mundo perfecto. Faltaban tal vez mis pasteles y las hojas y algún rato más para escribir. Paradoja veraniega: extraño escribir, tengo ideas, tengo ganas, pero no sé qué mierda pasa y no lo hago.
Nos fuimos con P. y con dos amigos: Guada y Hernán. Guada resultó ser tan intrépida como inteligente, ya sabíamos lo segundo, así que nos llevamos el premio revelación de su entusiasmo y su musculatura. Tenemos una foto que demuestra que ni ella sabe lo linda que es.
Hernán es, probablemente, uno de los más apasionados de todos los amigos que escriben y leen que conozco, él es increible. Entre zambullida y zambullida leía Catilinaria y anotaba, después seguía con Radiografía y en medio intentaba armar la reseña sobre el de Nitsche que yo le pasé para elinterpretador. Es decir: en la mateada nos leía Martinez Estrada en voz alta y nos reíamos. Mi chico, que es el ingeniero más versatil que he visto, nos seguía el ritmo con tranquilidad y, en contra de todos mis pronósticos, fueron unas vacaciones relajadas y entusiasmadas a la vez, con muchísima más literatura y charleta intelectualoide de lo que esperaba. Mechada, claro está, con la lectura de una Caras, una Gente y una Pronto. Minas en bolas y "la movida del verano". Un verano pasado por agua en el mar que estaba bien bien lejos de nuestro verano hirviente de cordillera y sol.
El sol me fríe las neuronas y me da una energía impresionante, no pude tomarme todo el vino que quise porque se me arruinó una muela, que está negra y putrefacta y me condenó a tomar antibióticos, la puta que lo parió, así que no tanto vino como quise. Pero sí el paseo por las bodegas, ahí estaba bien, y me enamoré del hacer del vino, de esa gente enloquecida que habla de "mimar a la uva", "sentir el terruño", "percibir la consistencia de un color". Pequeños poetas de la vid, metaforizan sobre algo que todos percibimos pero que solo unos pocos pueden describir con exactitud y belleza.
Y pensé si no debería hacer algo así, irme a una montaña, olvidar mucho, sacarme de encima la pesadumbre de la letra y conectarme con esa literatura que está ahí, al costado de la cabeza, en esa porción que no es neurótica y que disfruta simplemente de ser, de estar, del roce del viento seco en la piel, del sofocón en los ojos, del caminar lento, del nadar agitados...
Y volví con una energía que no recordaba, sientiéndome cada vez más joven, más fuera de lugar en mi propio cuerpo, porque estoy como para irme a Japón (reconozco que estuve leyendo a Kawabatta y Gaijin, la novela de Matayoshi), tomarme un buque, abandonada pero feliz, no de escapatoria, aunque es patético sentir todo esto y adivinar que se va a esconder en una latita de tomates en conserva en cuanto vuelva al laburo, y por otro lado -qué se yo- un poco también extrañar el laburo, la bendita rutina que supimos conseguir.
Ayer volver a Buenos Aires y no tener nada que hacer, o sí pero no hacerlo, y ver gente, ordenar un poco, encontrar que las dos computadoras de casa se quemaron en la tormenta, que chismes, que todo bien, amigos y tu sabés, alguien que pregunta "¿cuándo te casás?", etcétera y yo pensar: "Esto está mal, estoy en otro cuerpo, yo quiero desarmarme y no estar fija, quiero estar así charlando acá toda la vida".
Y después a lo de Maru, su casa nueva, su vida nueva, y darme cuenta de que sí, a pesar de todo soy mi pasado también, pero qué va, si tengo tanto sol traído encima que me sobra... Volver a casa y ser una extrema versión de mí misma que P. no sabe si matar o adorar; y yo que le digo no quiero recibirme porque no quiero que nos casemos, ok me dice él, querés que haga algo, significa algo esta declaración o es lo mismo de siempre, y yo ¿querés que te muestre cómo estoy? y entonces pararme, levantar los brazos y gritar ahhhhhhhhhhhhhhhhhhahaaaaaa por todo el living. Él tan tranquilo y riéndose, ok, entonces todo en orden.
Yo: es solo pánico, nada más. Pero es que no quiero recibirme. No quiero cambiar de estado. Me queda tan bien esto de sentirme joven, es una remera que no me quiero sacar. Lastima que el tiempo pase lo mismo. Me cae tan bien eso de estar allá en el parador, al borde de la montaña, más allá el río y aun más lejos el dique... me siento tan ubicada en esa nada que se escapa y preocuparse por el horario de un micro y volver a comprar el diario y leer Lemonde entero porque total hay tiempo y estar sentados y discutir, y después pedalear casi tres horas o más y estar cansados cansados cansadísimos en los huesos. Me encontré tan cómoda con todo esto que por qué cambiarlo. Al fin, después de tanto, estar a gusto, no mucho, pero bastante, con lo propio, e incluso creer que hay más, más sol ahí adelante. Más adrenalina, más. Y él, que es tanto más sabio, se ríe y dice qué suerte que no te dije hoy que nos casáramos porque no daba para nada que me dijeses que no. Y yo, al menos aviso cuando me agarra este desierto mendocino adentro y nomás quiero salir y andar y gritar, y salir un rato más, hasta que se haga de día y esperar un colectivo tres horas, sentada en un cordón, con el sueño del mundo encima.
Acá estoy en el verano en que todo dicta que me debería poner a estudiar y rendir los dos putísimos finales que me quedan.
Otra vez entre vosotros.
Y nos fuimos nomás. Por eso dejé post martinfierresco de recuerdo quince días. Nos fuimos a los deportes y a la naturaleza, y al río, a andar en bici, a nadar, a remar, a caminar, todo lo que pudimos hacer con nuestra energía extra de sedentarios y porteños. Y se nos arrastraron las enes y nos comimos las eses y empezamos a entonar como entonan los mendocinos, como una suerte de chilenos lavados, entonados, justamente, con el buen vino y el calor.
No llovió ni un día. El sol rajaba la tierra, nos agarró el zonda, más calor que en el caribe y más seco que un horno. Mientras nos arrubiábamos, pasábamos el tiempo entre el deporte y la lectura; y me di cuenta de que ese sí, justo en esa combinación, es mi mundo perfecto. Faltaban tal vez mis pasteles y las hojas y algún rato más para escribir. Paradoja veraniega: extraño escribir, tengo ideas, tengo ganas, pero no sé qué mierda pasa y no lo hago.
Nos fuimos con P. y con dos amigos: Guada y Hernán. Guada resultó ser tan intrépida como inteligente, ya sabíamos lo segundo, así que nos llevamos el premio revelación de su entusiasmo y su musculatura. Tenemos una foto que demuestra que ni ella sabe lo linda que es.
Hernán es, probablemente, uno de los más apasionados de todos los amigos que escriben y leen que conozco, él es increible. Entre zambullida y zambullida leía Catilinaria y anotaba, después seguía con Radiografía y en medio intentaba armar la reseña sobre el de Nitsche que yo le pasé para elinterpretador. Es decir: en la mateada nos leía Martinez Estrada en voz alta y nos reíamos. Mi chico, que es el ingeniero más versatil que he visto, nos seguía el ritmo con tranquilidad y, en contra de todos mis pronósticos, fueron unas vacaciones relajadas y entusiasmadas a la vez, con muchísima más literatura y charleta intelectualoide de lo que esperaba. Mechada, claro está, con la lectura de una Caras, una Gente y una Pronto. Minas en bolas y "la movida del verano". Un verano pasado por agua en el mar que estaba bien bien lejos de nuestro verano hirviente de cordillera y sol.
El sol me fríe las neuronas y me da una energía impresionante, no pude tomarme todo el vino que quise porque se me arruinó una muela, que está negra y putrefacta y me condenó a tomar antibióticos, la puta que lo parió, así que no tanto vino como quise. Pero sí el paseo por las bodegas, ahí estaba bien, y me enamoré del hacer del vino, de esa gente enloquecida que habla de "mimar a la uva", "sentir el terruño", "percibir la consistencia de un color". Pequeños poetas de la vid, metaforizan sobre algo que todos percibimos pero que solo unos pocos pueden describir con exactitud y belleza.
Y pensé si no debería hacer algo así, irme a una montaña, olvidar mucho, sacarme de encima la pesadumbre de la letra y conectarme con esa literatura que está ahí, al costado de la cabeza, en esa porción que no es neurótica y que disfruta simplemente de ser, de estar, del roce del viento seco en la piel, del sofocón en los ojos, del caminar lento, del nadar agitados...
Y volví con una energía que no recordaba, sientiéndome cada vez más joven, más fuera de lugar en mi propio cuerpo, porque estoy como para irme a Japón (reconozco que estuve leyendo a Kawabatta y Gaijin, la novela de Matayoshi), tomarme un buque, abandonada pero feliz, no de escapatoria, aunque es patético sentir todo esto y adivinar que se va a esconder en una latita de tomates en conserva en cuanto vuelva al laburo, y por otro lado -qué se yo- un poco también extrañar el laburo, la bendita rutina que supimos conseguir.
Ayer volver a Buenos Aires y no tener nada que hacer, o sí pero no hacerlo, y ver gente, ordenar un poco, encontrar que las dos computadoras de casa se quemaron en la tormenta, que chismes, que todo bien, amigos y tu sabés, alguien que pregunta "¿cuándo te casás?", etcétera y yo pensar: "Esto está mal, estoy en otro cuerpo, yo quiero desarmarme y no estar fija, quiero estar así charlando acá toda la vida".
Y después a lo de Maru, su casa nueva, su vida nueva, y darme cuenta de que sí, a pesar de todo soy mi pasado también, pero qué va, si tengo tanto sol traído encima que me sobra... Volver a casa y ser una extrema versión de mí misma que P. no sabe si matar o adorar; y yo que le digo no quiero recibirme porque no quiero que nos casemos, ok me dice él, querés que haga algo, significa algo esta declaración o es lo mismo de siempre, y yo ¿querés que te muestre cómo estoy? y entonces pararme, levantar los brazos y gritar ahhhhhhhhhhhhhhhhhhahaaaaaa por todo el living. Él tan tranquilo y riéndose, ok, entonces todo en orden.
Yo: es solo pánico, nada más. Pero es que no quiero recibirme. No quiero cambiar de estado. Me queda tan bien esto de sentirme joven, es una remera que no me quiero sacar. Lastima que el tiempo pase lo mismo. Me cae tan bien eso de estar allá en el parador, al borde de la montaña, más allá el río y aun más lejos el dique... me siento tan ubicada en esa nada que se escapa y preocuparse por el horario de un micro y volver a comprar el diario y leer Lemonde entero porque total hay tiempo y estar sentados y discutir, y después pedalear casi tres horas o más y estar cansados cansados cansadísimos en los huesos. Me encontré tan cómoda con todo esto que por qué cambiarlo. Al fin, después de tanto, estar a gusto, no mucho, pero bastante, con lo propio, e incluso creer que hay más, más sol ahí adelante. Más adrenalina, más. Y él, que es tanto más sabio, se ríe y dice qué suerte que no te dije hoy que nos casáramos porque no daba para nada que me dijeses que no. Y yo, al menos aviso cuando me agarra este desierto mendocino adentro y nomás quiero salir y andar y gritar, y salir un rato más, hasta que se haga de día y esperar un colectivo tres horas, sentada en un cordón, con el sueño del mundo encima.
Acá estoy en el verano en que todo dicta que me debería poner a estudiar y rendir los dos putísimos finales que me quedan.
Otra vez entre vosotros.
domingo, enero 01, 2006
1ero de año
Gracias a todos los que dejaron sus mensajes, a los que eran para mí y a los que no, porque también me los quedé .
Gracias a mis compañeros de camino, a los leedores compulsivos, a la gente que baila sin vergüenza y a los que no se animaron todavía pero están ahí, al borde de sumergirse en la pista, a los que tachan y corrigen pero vuelven a empezar, a los que estoicamente se bancan mis cambios de ánimo, a los que muestran que todavía queda mucho para aprender, mucho por cambiar.
A mis maestros de este año, cada uno en lo suyo: a Andrea que me enseñó a respirar y encontrar mi cuerpo otra vez, mis amigos escritores que siguen alentándome a escribir y que me regalan compartir la cocina del día a día (la lista es larga!), mis compañeros docentes que me ayudan a resistir y a mejorar, a P. que me enseña que la vida es vida aunque a veces me olvide en un mundo de papel.
Alumnos, familia, amigos de siempre, nuevos amigos, todos los que estuvieron por aquí y los que decidieron irse, todos me enseñaron algo, y me alegro de intentar compartirlo y llevarlo para el año próximo hacia todos quienes vuelvan a aparecer o lleguen sin consultar y se topen con el monstruo y se animen a ver qué pasa con esto de intercambiar la vida.
GRACIAS
Feliz año
pd: la mayor bendición es encontrar tanta gente linda
Gracias a mis compañeros de camino, a los leedores compulsivos, a la gente que baila sin vergüenza y a los que no se animaron todavía pero están ahí, al borde de sumergirse en la pista, a los que tachan y corrigen pero vuelven a empezar, a los que estoicamente se bancan mis cambios de ánimo, a los que muestran que todavía queda mucho para aprender, mucho por cambiar.
A mis maestros de este año, cada uno en lo suyo: a Andrea que me enseñó a respirar y encontrar mi cuerpo otra vez, mis amigos escritores que siguen alentándome a escribir y que me regalan compartir la cocina del día a día (la lista es larga!), mis compañeros docentes que me ayudan a resistir y a mejorar, a P. que me enseña que la vida es vida aunque a veces me olvide en un mundo de papel.
Alumnos, familia, amigos de siempre, nuevos amigos, todos los que estuvieron por aquí y los que decidieron irse, todos me enseñaron algo, y me alegro de intentar compartirlo y llevarlo para el año próximo hacia todos quienes vuelvan a aparecer o lleguen sin consultar y se topen con el monstruo y se animen a ver qué pasa con esto de intercambiar la vida.
GRACIAS
Feliz año
pd: la mayor bendición es encontrar tanta gente linda
El monstruo dijo...
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